El hombre frente a ti está desnudo, salvo por unos calzoncillos y un par de botas esmaltadas. Su piel es verdosa, jaspeada de venas en descomposición y desteñida por la lividez post mortem. Una descolorida red de tatuajes le cubre pecho y hombros. La cinta que lo sujeta a la rama superior parece de calidad industrial.