El teniente no dice ni pío, pero crees detectar cierto gesto de impresión en sus ojos, como si jamás se hubiese esperado que de tus labios pudiese brotar una argumentación tan sólida y convincente.
El teniente no dice ni pío, pero crees detectar cierto gesto de impresión en sus ojos, como si jamás se hubiese esperado que de tus labios pudiese brotar una argumentación tan sólida y convincente.