"Ah... no creo que quieras escuchar las divagaciones de una anciana...".
Líneas alternativas · 1
"Sí, lo vi... Pero como ya te dije, cielo, nadie me creyó en años. Hasta que conocí a Morell".
"Ah... no creo que quieras escuchar las divagaciones de una anciana...".
"Sí, lo vi... Pero como ya te dije, cielo, nadie me creyó en años. Hasta que conocí a Morell".
"¿Cómo podría? ¿Quién se imagina algo así? Ella no tenía conocimiento alguno del fásmido. Y eso es lo que lo convierte en un avistamiento confirmado: que ella no sabía nada del insecto".
"Cierto, sí. Estoy casi segura de que ni mi madre ni mi abuela lo sabían. Fue en mi adolescencia, cuando contaba la historia, que los chicos me decían: Lena...". Pone la voz grave, imitando a un chico.
"¿Nos estás diciendo que viste al fásmido insulíndico entre los juncos? ¡Venga ya!". Sonríe. "Me darían una sidra, me revolverían el pelo y me dirían que dejara de soñar... pero lo vi".
"Por supuesto que he pensado en ello. Pero Morell dice que mi descripción coincide con otras. Y estoy segura de que no había oído hablar del fásmido cuando era niña. Ni tampoco mi madre ni mi abuela".
"Entonces ¿cómo sabría qué imaginar? Fue en mi adolescencia, cuando contaba la historia, que los chicos me decían: Lena..." Pone la voz grave, imitando a un chico.
Su mirada es tierna, sí, pero hay algo que la suaviza; un pensamiento que no es capaz de expresarle ni a él... Interesante.
El suspiro es tierno, sí, pero algo lo suaviza, un pensamiento que no puede expresar. Interesante.
"Es difícil distinguir cómo de grandes son las cosas cuando una misma es bastante pequeña. Me pareció que era más grande que yo por aquel entonces... pero puede que no sea así".
"Creo que es una historia maravillosa, señora". Guarda sus notas y le dedica una sencilla sonrisa.
Pues no me lo creo. Una niña desatendida en un día caluroso. Los niños se inventan historias y terminan creyéndoselas.
"No todas". Responde por ella. "Existen informes de coloración blanca, junto con beis, donde termina el camuflaje".
"No todas, si mal no recuerdo. Algunas de ellas lo eran por el interior. Como tallos de mármol, si es que eso tiene algún sentido".
"De nada, cielito. Aprecio que se presente la oportunidad de revivirlo. Fue tan...", suspira. "Era un día tan imposiblemente soleado. Tan cálido".
Y podría haberse levantado y caminar hacia los juncos ella misma. Hacia el barro. A cualquier parte.
"¿Divagaciones? ¡Tonterías! ¡Tu descripción del fásmido es la más precisa que jamás haya oído!".
"Eras una niña, mi amor. En serio: tu descripción es extraordinaria. Venga, cuéntale a nuestro amigo lo que sabes. Ha demostrado interés en el campo".
"Bueno, era verano", comienza. "Estaba construyendo una pista de carreras con la arena de la playa, cerca de unos juncos altos. Muy altos; recuerdo que bastante más altos que yo. Y de repente...".
"El momento más extraño de toda mi vida: alcé la vista y uno de los juncos se movió. No como una planta, sino como una criatura. Se levantó y me miró. Su cuerpo se desplegó como un juguete antiguo... Nunca había visto nada parecido".
"No sabía que eso podía ocurrir, así que alargué la mano y lo toqué. Tenía el tacto de un tallo de junco, pero se movía. Balanceándose, elevándose por encima de mí...". Te mira. "Al cabo de un rato... puede que veinte segundos o un minuto, se fue. Hacia los juncos".
"Lo intenté, pero solo era una niña. Había barro y agua profunda, y ya no lo veía. Me quedé ahí, hundida con el barro hasta las rodillas, mirando a mi alrededor...".
"Volví corriendo a casa de mi abuela y pregunté si los juncos podían andar y le conté que me miraban". Se ríe. "Por supuesto, ella se rió, pero yo sé lo que vi...".
"Fue una historia que, durante años, contaba en las fiestas. Cuando quería impresionar a los chicos y esa clase de cosas". Se atusa el pelo. "Pero claro, la mayoría de la gente se lo tomaba como una anécdota, sin más. Y a decir verdad, yo también. Pero entonces conocí a Morell...".
"En una cita, ¿se lo puedes creer? Me cuenta una historia y resulta ser el informe más detallado del fásmido insulíndico que jamás he escuchado. Los sonidos... me dijo que siseó...".
"... la forma de moverse, el color, cómo algunas de sus extremidades eran blancas como el mármol...". Respira entrecortadamente por el entusiasmo. "¡Coincidía a la perfección con los datos de otros informes! Fue asombroso".
"Si no fuera por Lena, hace años que me hubiera rendido. No exagero al decir que ella me devolvió la fe en mi profesión". La mira con admiración, con una sonrisa amplia e inconsciente.
"Estábamos en nuestra primera cita cuando le conté mi historia. Deberías haberle visto la cara...". Sonríe. "Dijo que mis descripciones coincidían con el fásmido hasta la médula: sus extremidades del color del mármol, la forma en que se movía...".
"Alcé la mirada y uno de los juncos se movió. No como una planta, sino como una criatura. Se levantó y me miró. Su cuerpo se desplegó como un juguete antiguo...". Niega con la cabeza. "Nunca había visto nada parecido. Los juncos se convirtieron en una criatura".
"Ah, me estoy adelantando. Tenía cinco años y medio. En las afueras de Betancourt. Mi abuela tenía una casa de verano allí".
La etapa en la que se empiezan a formar recuerdos. Recuerdos reales, no esa neblina confusa de la infancia.
Betancourt fue bombardeada durante la guerra. Estaba bastante cerca de aquí, a unos 20 kilómetros.
"Eres muy amable, pero tengo que objetar. Es difícil contar una historia en la que ya no crees realmente...".
"No sé si se ha dado cuenta, pero he perdido toda memoria del mundo y de mí mismo. No tengo ni idea de lo que estoy haciendo".
"¿Puede volver a ponerme al día de esta realidad?".