Respuestas · 2
- "No, en realidad no".Recordado · 1
- "Creo que me será... útil. Sí".
"Es como si alguien intentara meterte un erizo cabreado por los orificios nasales, ¿verdad, coleguita? ¡Espera a que llegue el tsunami de adrenalina, es algo fantástico!".
"Los idiotas me dejaron allí solo. Bien, yo enseñaba biología en el instituto. Sé lo que usan los doctores para preservar cadáveres...". Sus ojos brillan emocionados.
"Bueno, pues en realidad no lo fue", refunfuña. "En una semana, mis malditos riñones comenzaron a putearme a base de bien. Al final, mi mujer me llevo al consultorio de un doctor privado: nada de beneficencia, un lugar de calidad...".
"La verdad es que tiene su gracia...". Se empieza a reír a carcajadas, luego toma tres tragos de su pilsner y te mira con intensidad.
"Cierto... cierto...". Su tono se tranquiliza. "Como he dicho, su precio es de trescientos reáles".
"Claro que sí, coleguita". Se toca un lado de la nariz. "Por eso he dicho anfetamina. Quiero decir, speed. Quiero decir, anfetamina. Tengo las dos cosas".
Mientras que los grand bourgeois de La Délta son tan ricos que flotan, literalmente, por encima de la ley, esta alegre compañía se arrastra tan por lo bajo que también se vuelven virtualmente intocables. Es la belleza de los extremos.
"En el mundo civilizado es habitual dar propina al dependiente, amigo. Pero de todos modos, vuelve cuando quieras". Te hace un gesto de despedida.
"Aquí tienes, amigo". Te entrega una pequeña botella con un pajita. El polvo parece coagulado y mohoso.
"Eso es antihigiénico. Y peligroso. Y no hará que me encariñe contigo... Solo quería dejarlo claro, ¿de acuerdo?".
"Bueeeno...". Su mirada deja entrever orgullo. "El sistema ha sido bueno con el viejo Rosemary, así que procuro ordeñarlo como a una puta cabra en el patio trasero".
"Verás, colega", dice levantando el dedo índice, "el hombre crea su propia suerte... así que es lo que hice con la mía. Le eché el guante a tres botellas de liqueur exquise, le vendí dos a unos colegas de por aquí y de inmediato invertí las ganancias".
"Compré pitillos, birra e incluso un poco de speed. Y ahora mírame... Los tengo a todos enganchados". Extiende los brazos y muestra una sonrisa desdentada.
"¿En serio?". El teniente cierra los ojos y se pellizca la nariz. "¿Lo dice EN SERIO?".
El empresario amateur ha olvidado tu presencia e intenta contar unas pocas monedas que tiene en la mano.
"¿Permiso?". En realidad no te presta mucha atención. "¿A quién coño le importa eso? ¿Me vas a comprar algo o no? Espabila, colegui".
"Claro, claro, claro...". El borracho levanta su pilsner y asiente. "Es lo que es, ¿sabes? Lo que siempre ha sido. La gente, coleguita, es la gente".
"Ualaaa", dice jadeando mientras te entrega la botella. "Mi inversión ha dado en el clavo esta vez... ¡Fíjate, Espiral de infortunios, fíjate bien!".
"¿Qué?". El hombre del chándal lleno de mierda vuelve la cabeza. "¿En el clavo?".
"¡El colega acaba de soltarme trescientos reáles por una botella de licor! ¡Como si nada! ¡Rosemary ahora juega en otra liga!".
"Un proyecto empresarial de alto nivel". El hombre asiente. "Una visión sólida y una ejecución estelar".
Estoy tan orgulloso de ti bratan... Ahora, hagas lo que hagas, no te lo bebas. Esto se merece mucho más que el típico consumo oral.
¿Quién ha dicho nada de ese sitio? No, lo usaremos en un sitio mucho más especial. Muuuuy especial. Y ahora, aléjate del vejestorio ese y charlemos tú y yo. A solas.