Constitución
Antes de los efectos de pensamientos; pueden existir otras condiciones de diálogo.
681 · Diálogos de la habilidad
Primero tienes que sintonizar con la costa y conocer a sus habitantes. Luego podrás buscar allí donde es más difícil entrar: búnkeres, alcantarillado, este edificio... Siempre puedes volver aquí y hablar con el viento.
Ya lo percibiste antes, cuando llovía sobre Martinaise y sentiste el frío. La sensación persiste. Lo llevas dentro desde entonces.
De pronto, todo está en calma. Nada de una mano fría en tu frente ni el rumor de los juncos. El viento ha parado, ¿o se ha escondido en un rincón? Tan solo oyes olas distantes rompiendo contra la costa.
No hay nada más. El pensamiento sacude tus huesos como el esqueleto de un edificio desierto a punto de derrumbarse.
¿Tratas de hablar con el viento? ¿Con la ciudad? Sea lo que sea lo que pensabas que iba a pasar, no pasa. Y ahí estás, con los hombros caídos.
¿Tratas de hablar con el viento? ¿Con la ciudad? Sea lo que sea lo que pensabas que iba a pasar, no pasa. Y ahí estás, con los hombros caídos en medio de la oscuridad.
¿Tratas de hablar con el viento? ¿Con la ciudad? Sea lo que sea lo que pensabas que iba a pasar no pasa. Y ahí estás, en la palidez de la mañana con los hombros caídos.
¿Tratas de hablar con el viento? ¿Con la ciudad? Sea lo que sea lo que pensabas que iba a pasar, no pasa. Y ahí estás, con los hombros caídos.
¿Tratas de hablar con el viento? ¿Con la ciudad? Sea lo que sea lo que pensabas que iba a pasar, no pasa. Y ahí estás, con los hombros caídos, iluminado por el atardecer.
¿¿¿Qué haces aquí??? Un frío terrible te atenaza al pensar tales palabras. Hacen eco en tu cráneo. De repente suenan ajenas.
De pronto, un suspiro, propagándose a través de las moléculas que te rodean, en movimiento, fluyendo de presión alta a presión baja. Como el de una mujer vaciando sus pulmones. Envuelve la estructura de piedra frente a ti con su aliento, atravesándolo...
Bueno, se trata de peinar sector por sector. Recorres la península, preguntas a la gente y entras en los sitios donde puedes entrar.
Alguien se agacha, hundiendo sus talones en la arena húmeda. Barre la arena con sus manos, y los granos se pegan a su piel desgastada en la punta de los dedos. Un anciano se sienta sobre un bloque de hormigón y golpea sus dedos contra el cristal de un visor... te estremeces.
En algún lugar a las afueras de Faubourg, una adolescente flacucha se encuentra de pie junto a la carretera, mostrando un pulgar calloso a los vehículos que pasan. Está cansada. Se quiere marchar. Pero sabe que volverá.
Mientras mantienes la puerta abierta sientes una corriente de aire. Una pequeña brisa. Un silbido...