Normal · Escalofríos ≥ 4
Lejos en la costa, en una casucha destartalada, un hombre de mediana edad se golpea el puño y deja escapar un gemido animal mientras contempla un vaso de cristal hecho añicos.
Antes de los efectos de pensamientos; pueden existir otras condiciones de diálogo.
681 · Diálogos de la habilidad
Lejos en la costa, en una casucha destartalada, un hombre de mediana edad se golpea el puño y deja escapar un gemido animal mientras contempla un vaso de cristal hecho añicos.
Una fría humedad se cuela entre los tablones de madera de la pared sin nadie que sea testigo de tu juramento...
Sobre la Bahía de Revachol, se forma un viento helado como respuesta. Las gentes de la aldea pesquera se arrebujan en sus abrigos y mantas...
Y siempre y siempre... Por el rabillo del ojo ves cómo se te eriza el vello del dorso de la mano. Como si te recorriese la electricidad estática. Debe ser hipersensibilidad por la resaca.
Algo se acerca. Algo recóndito. Ya viene; un milagro, del noroeste. Ya casi está aquí. Lo sientes en el aire, con tus manos; el frío aire primaveral las suaviza.
Detrás de este edificio... el otro. En su día albergó a los ingenieros y diseñadores de Feld Electric. Ahora está en ruinas, sin dar cobijo más que a las ratas... Sientes, por alguna razón, que el descolorido cartel te llama una vez más.
La nieve cae sobre sus hombros, derritiéndose en su rubia melena... fría y suave.
La lluvia cae sobre sus hombros, oscureciendo su rubia melena. Huele a salitre y polución industrial.
Una bandada de gaviotas bajo la cúpula del cielo. Maquinaria desde la lejanía del puerto. El viento y el frío campan a sus anchas.
El viento húmedo, cargado de salitre y polución industrial a causa de las chimeneas de la zona, revuelve su cabello.
Entre aquí y Jamrock hay un polvoriento mar de viejos árboles, todos cubiertos de polvo industrial. Con casas pequeñas debajo de ellos, un parque descuidado...
El vello de tus brazos se eriza... es electricidad estática. Te da la impresión de que los juncos sisean.
Es el olor de juncos en descomposición; de añoranza desmoronándose en el agua.
Muy por encima, hacia el este, soplan vientos helados sobre las plumas de un joven pájaro cantor. Aterriza en la cornisa de piedra de un edificio alto. Tiene el pico gris plateado.
Sombras largas, sombras cortas. Sombras calladas de niños lugareños. Sombras ruidosas de borrachos y también una sombra hecha de palos. Te echas el aliento en las manos para entrar en calor.
En la calle Clinton, cerca de la diamantina calle Boogie, un pequeño camión traquetea en un callejón. Se detiene junto a un contenedor de basura oxidado. Dos hombres, de rostros hoscos e hinchados, saltan del camión. Miran al contenedor, desanimados. En sendas espaldas llevan escrito SRRM...
La tensión se puede cortar con un cuchillo. Se te eriza el vello de la nuca.
Un temblor se apodera de ti, o quizás sea otra secuela del envenenamiento por etanol. Es como cuando las hojas se mueven con la brisa, en algún lugar lejano, debajo de La Turbina. La 41 y la 57... El teniente tenía razón. No se trata de quién se queda con lo que es El Norte, sino quién no.