Condicional
Abres la ampolla de amoníaco e inspiras. El olor de la muerte sigue siendo más fuerte. Es un embrujo mental que te dice que corras y que tu estómago se vacíe. Con los ojos entrecerrados, te ves envuelto en él.
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Abres la ampolla de amoníaco e inspiras. El olor de la muerte sigue siendo más fuerte. Es un embrujo mental que te dice que corras y que tu estómago se vacíe. Con los ojos entrecerrados, te ves envuelto en él.
Al respirar, el olor se apodera de ti. Es un embrujo mental que te insta a alejarte y vaciar tu estómago. Con los brazos en jarra y los ojos entrecerrados... lo aguantas.
El olor es repulsivo. Te entra por la boca, más instantáneo y más familiar de lo que pudieras esperar; más fiebre que olor. Te inunda la mente, revolviéndote desde dentro.
El olor es repulsivo. Se introduce por tu boca, más inmediato y familiar de lo que pudieras esperar. Es enfermizo. Te inunda la mente, revolviéndote todo por dentro.
El cadáver parece reírse de ti, con espuma negra burbujeando en sus labios. Cada molécula de este cuerpo apesta a muerte. Sigue siendo demasiado, el estómago te da un vuelco...
El cadáver parece reírse de ti, con una espuma negra burbujeando en sus labios. Cada molécula de este cuerpo apesta a muerte. Sigue siendo demasiado, sientes que viene otra vez...
¡El amoníaco solo lo ha empeorado! La mezcla de olores hace que se te salten las lágrimas. La primera vez logras mantenerlo todo dentro...
Intentas, muy profesionalmente, mirar el cadáver, pero tu estómago se contrae. Te las arreglas para mantenerlo en su sitio una vez...