Normal · Escalofríos ≥ 4
Algo se mueve al norte. Deja círculos en el agua. Largos tallos en los bajíos.
Antes de los efectos de pensamientos; pueden existir otras condiciones de diálogo.
681 · Diálogos de la habilidad
Algo se mueve al norte. Deja círculos en el agua. Largos tallos en los bajíos.
En frente del videoclub de la esquina. En el cruce...
Donde rompe el alba. En la calle de Saint-Ghislaine la gente inicia su día y las farolas de gas se han ido a dormir. Tierra adentro, en Jamrock, las calles rebullen con trabajadores: hombres, mujeres y niños que recorren avenida tras avenida de charco en charco. La temperatura está en aumento. Se forman altocúmulos sobre la comisaría 41.
Donde la noche se cierne. Las farolas de hidrógeno lucen en la Rue de Saint-Ghislaine; sus doradas luces proyectan oscuras sombras. Tierra adentro, en Jamrock, las calles se sumergen en la penumbra, avenida tras avenida sin iluminar. Se forman altocúmulos sobre la comisaría 41.
Donde el mediodía toca a su fin. La gente recorre la Rue de Saint-Ghislaine de camino a casa, dejando a su paso farolas de hidrógeno que comienzan a cobrar vida. Tierra adentro las calles bullen con trabajadores: hombres, mujeres y niños y trabajadores migrantes. La temperatura permanece estable. Se forman altocúmulos sobre la comisaría 41.
Donde el sol cae. Las farolas de hidrógeno lucen en la Rue de Saint-Ghislaine, proyectando oscuras sombras. Tierra adentro, en Jamrock, las calles se muestran en la más absoluta penumbra, avenida tras avenida sin iluminar. La temperatura está en descenso. Se forman altocúmulos sobre la comisaría 41.
El aire que te rodea circula perezoso por el islote, ayudando a las pequeñas golondrinas y a las gaviotas de pico negro en su parsimoniosa deriva. Todos ellos... todos y cada uno de ellos, cada pájaro, mamífero y crustáceo...
El sudor de tus brazos es frío como el hielo. Como si tú también estuvieras congelado a la sombra de esta gigantesca estatua de mármol quinitoso.
Todas las calles echarán de menos sus pisadas cuando se vaya de aquí.
Se abre frente a ti, con asfalto resquebrajado y hojas de arce que se arremolinan a tus pies. Halos de semáforos sobre ti, sombras encogidas que llevan la compra a casa. La humilde casa de la esquina tiene las luces encendidas.
Perros de ojos negros vagan por los callejones; bajo los balcones entretejidos, cuelgan a baja altura los miembros huesudos de los manzanos: rojo y negro. Revachol Oeste, el sol del atardecer; ella se ha marchado y ha florecido. Lejos de nosotros. Nuestra extensa alma.
Afuera, el viento aúlla a través de la bahía. El edificio sobre Rue de Saint-Ghislaine se eleva como una caja de cerillas, con hombres en su interior como pequeños palitos de madera listos para incendiarse.
El vello de la nuca se te eriza ligeramente, como si tuvieras a alguien justo detrás.
Una mujer aterrada aprieta el colgante de su cuello hasta que le deja marcas en la palma de la mano. A tan solo unos pocos metros, hay un hombre paralizado con una llave en la mano. Dentro, en alguna parte, una araña teje su red.
El Valle de los Perros... y antes, una cúpula conocida, como una mariquita que ha perdido el color. El edificio tiene una plaza de estacionamiento designada para tu carruaje motorizado.