Desafiante · Escalofríos ≥ 6
Ese sonido. Sientes el viento en tu pelo, como si lo estuvieras conduciendo... Pero ¿adónde?
Antes de los efectos de pensamientos; pueden existir otras condiciones de diálogo.
681 · Diálogos de la habilidad
Ese sonido. Sientes el viento en tu pelo, como si lo estuvieras conduciendo... Pero ¿adónde?
A través de una calle estrecha bordeada de casas de madera destartaladas. La autopista 8/81 se enrosca en las alturas como una serpiente. Los niños juegan bajo el viaducto. Ojos que se vuelven a tu paso...
El cadáver domina el patio con su hedor es nauseabundo. Incluso a esta distancia hace que se te salten las lágrimas.
El patio, Reino de Cuno, resulta idílico cuando no lo otea desde lo alto un cuerpo humano en descomposición.
La vida en Martinaise sigue su cauce mientras tú surcas los cielos. Los gritos de las protestas se entremezclan con los sonidos del vaivén del tráfico; las olas impactan contra el muelle, llevando el aire denso y salado del mar hasta tus pulmones.
Y su regente, Cuno el Rey de los trasgos, te señala mientras habla con su amiga. ¿Qué dirá?
El agua gotea de los alerones. Una mujer contempla su esquife recién barnizado. Bajo las cajas de pescado hay un par de huellas de botas de caballería. El viento aúlla como un espíritu salvaje...
Fuera, en la luz del mediodía... hecho ruinas y desquebrajado, las sombras se alargan en la acera. Un disparo lejano.
Fuera, bajo la luz del sol... todo hecho polvo y en ruinas; las ventanas de la cafeteria brillan con la luz matutina.
Fuera, bajo el sol del mediodía... ruinas. Las aceras están agrietadas y los bancos se están desmoronando. Los periódicos son arrastrados por el viento.
Fuera, bajo la luz nocturna... tranquilo, una noche cubierta de lámparas de sodio. Roto y desquebrajado.
De pronto el viento sopla con más fuerza en el exterior. Escuchas el batir de las ventanas contra los marcos. Una ráfaga arrastra los periódicos que rodean el Whirling-in-Rags en una cálida columna...
Aullando desde algún lugar, azotando el paseo marítimo con lluvia y salitre; una vetusta calidez se mete bajo tu piel.
En el exterior, la nieve derretida se infiltra en las grietas de las paredes y en las calles empedradas, abriéndose paso hasta las alcantarillas... En la superficie florecen las primeras convalarias. Puedes sentirlo. Un frío enorme. A continuación, los escalofríos desaparecen.
Un escalofrío te recorre el espinazo cuando escuchas el nombre de tu luz: Revachol...
Una figura imponente con casi las mismas míticas proporciones ocupa toda la estancia. Está encorvado sobre el lavabo, y sus músculos, como olas en el océano, se mueven bajo su piel incluso al más mínimo movimiento.
Debería haber algo ahí... un recuerdo, un sentimiento, incluso si solo fuera un atisbo, pero las profundidades de tu psique permanecen en silencio. No tienes ni el más mínimo recuerdo de tu madre.
Algo despierta en las profundidades de tu mente; señales heladas enviadas a través del tejido conjuntivo. Estás sentado en un trineo, cortando la nieve a tu paso. A tu espalda, una presencia cariñosa y cálida guía el trineo, con una mano enguantada descansando sobre tu hombro. Te sientes muy, muy amado... y muy, muy a salvo.