Pero a continuación el inequívoco tufo a excremento de gaviota te golpea, transportado por la brisa marina, como una melodía acre construida sobre acordes de madera podrida y fuelóleo pesado.
Motricidad
Antes de los efectos de pensamientos; pueden existir otras condiciones de diálogo.
703 · Diálogos de la habilidad
Pero a continuación el inequívoco tufo a excremento de gaviota te golpea, transportado por la brisa marina, como una melodía acre construida sobre acordes de madera podrida y fuelóleo pesado.
Nada. O, al menos, nada en particular. Por lo que a ti te concierne, tu nariz está de mero adorno.
Salmuera, mayormente. Porque es un muelle.
El monumento al completo está cubierto de una fina pero duradera capa de aceite y mugre. Es obvio que nadie la ha limpiado en años.
Es la misma plaza que llevas días contemplando. ¿Qué esperas ver que no hayas visto ya antes?
A lo mejor es cosa tuya, pero te da la impresión de que estás aprendiendo a distinguir las fibras del fieltro auditivo. Te centras en una en particular; una que suena muy humana...
A decir verdad, no tienes ni idea de lo que estás buscando. Para ti no parece más que un cable enganchado a un trozo de metal. Te centras en el colorido recubrimiento de goma, sin saber muy bien qué hacer...
¡No me digas! ¿Cómo se supone que van a escuchar tu confirmación con el estruendo de sus propios rotores?
Oyes como revuelve algunos papeles de fondo. Está despejando su escritorio, lista para tomar notas.
Escuchas el sonido de una página siendo arrancada.
Sigas la mirada del hombre en dirección al oeste. Allí, entre las estrellas más bajas, disciernes vagas señales de movimiento...
Parece, desde tu punto de vista, una especie de pez metálico alargado, suspendido por debajo de cierto número de ventiladores de techo...
Es un conjunto fijo de luces moviéndose al unísono, cual constelación infatigable.
No atinas a ver nada. Pero bueno, está oscuro y no es que tus ojos sean la repera, así que...
Miras y miras, pero no ves nada fuera de lugar. Pero bueno, no es que tus ojos sean la repera...
Sigues la mirada del hombre en dirección al oeste. Allí, colgando sobre el horizonte, distingues una extraña silueta...
Oyes el agua chapotear tranquilamente contra el cemento del puerto, cubierto de lodo y algas, pero desde luego ningún zumbido ominoso.